Mateo Núñez

Interpretado por Pablo Molinero

Es perspicaz, lúcido. Mordaz. Honesto. Valiente. Culto. En público, un ser carismático y divertido, locuaz e ingenioso. Arrollador. Seguro de sí mismo. En privado, un hombre melancólico, herido de la nostalgia de un tiempo imposible, futuro. Con una mentalidad adelantada a su época.

También es un hedonista. Y un mujeriego. Le gusta beber y probar todo tipo de sustancias alucinógenas. Cualquier cosa que le haga olvidarse del mundo durante un rato. Y sobre todo si se las provee su amigo el médico Monardes, conocedor de los secretos oscuros del alma. 

A pesar de ser una persona sociable y próxima, empática, Mateo tiene un alto concepto de sí mismo: puede ser arrogante, soberbio y sobre todo, vanidoso. Su talón de Aquiles, aunque lo desconozca. Alguien con un afán desmedido de ser admirado. De notoriedad. 

Mateo ha roto con una parte del mundo: la que gobierna con leyes, la que somete con religión. Esa ruptura lo ha unido más al goce de los placeres carnales e intelectuales.

Hijo de un militar y de una mujer de la baja nobleza, siguió los pasos de su padre en la milicia, donde fue instruido con mano dura, y heredó el fervor religioso de su madre. Conforme fue madurando, perdió la fe al tiempo que fue creciendo su refinamiento e interés por la razón y la cultura.

Como militar viajó por el mundo y conoció, en el horror de la guerra, las maldades del ser humano y la solidaridad de los hombres en situaciones adversas. En la vorágine, ejerció con el enemigo la crueldad más horrible y la lealtad con los hombres bajo su cargo. Su aptitud con las armas y valentía lo hicieron destacar y ascender. Un militar ejemplar y frío. Desalmado al mando. Acostumbrado a matar en nombre de dios y de la Liga Santa.

Cansado del olor de la sangre, descreído de poderes celestiales, y con una profunda tristeza en el alma, que le invadía en momentos inesperados, decidió licenciarse del ejército. Heredó una pequeña fortuna familiar que invirtió en un negocio: una imprenta.

Su oficio de impresor le llevó a conocer todo tipo de personas y culturas: judíos conversos, nobles sevillanos, músicos, literatos, poetas, clérigos de diversas órdenes, moriscos y sobre todo, protestantes. Su proximidad a estos últimos y la amistad con muchos de los integrantes de su círculo secreto, le llevaron a editar libros prohibidos, luteranos. Como consecuencia de lo cual, fue detenido por la Inquisición, de la que consiguió huir, in extremis, gracias a su amigo Germán. Desde que en un Auto de Fe quemaran su efigie, se le conoce como el hombre sin alma y sin sombra.

Para su difunto amigo Germán, Mateo era un hombre comprensivo y brillante, de mente abierta, preclara; un hombre de otro tiempo. Para Zúñiga, Mateo es el amigo completo, compañero ideal de francachelas culturales, de duelos y adversidades; de fiestas. Para Valerio, es un ser extraño y complejo que podría ser el padre que nunca tuvo. Un anti mentor. Siempre enseñando a la contra. Para Teresa, Mateo es una imposibilidad que se volvió posible con la viudez. Una cuenta pendiente con el pasado. Su amor imposible. Para Monardes, Mateo es un hombre solidario.

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