Monardes

Interpretado por Tomás del Estal

Estudió medicina por curiosidad y se dedicó al esclavismo para solventar sus indagaciones científicas. Gracias al comercio con América, cultiva en su huerto plantas y hierbas para estudiarlas y usarlas como medicinas.  También como sustancias para la diversión y la expansión y el conocimiento del alma, sostiene.

Tiene un sentido del humor ácido a prueba de tragedias. Le gusta reírse de todo, incluido de él mismo. Es perspicaz, muy inteligente e intuitivo. Un médico adelantado a la medicina de la época, cierto trasunto de Paracelso.

Estudió, defendió y discutió sobre la importancia de costumbres griegas y árabes en el aspecto medicinal. Razón por la que algunos de sus colegas sospechan de él al  tratar a sus pacientes con infusiones y emplastes desconocidos para la iglesia católica. Más de un colega envidioso se ha preguntado si acude a la brujería.

Escribió varios tratados sobre la importancia de los frutos cítricos; de la bondad de la nieve; de beber en frío. Libros que encargó a Mateo para su impresión y publicación.

Tras la acusación de un colega por sus métodos poco ortodoxos, y pese a haberlos empleado en salvarle la vida a un prócer sevillano, Monardes fue sentenciado por el Santo Oficio a cien latigazos y la prohibición de ejercer la medicina. Cosa que en ningún caso dejó de hacer, pese a jugarse la vida.

Durante esta historia, paradójicamente, sobrevive en exclusiva del tráfico de esclavos negros; con quienes experimenta todo tipo de remedios.

Para Mateo, Monardes es una especie de confidente, un médico elevado al grado de amigo y su farmacéutico del alma de su total confianza; para Valerio es un extravagante viejo deslenguado y loco. Teresa lo conoce sólo de oídas y para Celso no es más que un transgresor de la medicina católica. Alguien inofensivo para dios. 

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